El primer enfrentamiento

Publicado en Uncategorized el Octubre 2, 2009 por alherya

Halmir me había ascendido a Gran Magister y creo recordar que en Nueva Sangre estábamos únicamente nosotros dos, a excepción de los miembros que una vez pertenecieron a la Legión de Sangre. Entre ellos se encontraba un joven Sin’Dorei bastante apuesto, Kili. Estaba segura de que él podría darme el hijo que tan fervientemente deseaba y que Bleisdon se había negado a darme. No me costaría nada. No obstante, debería centrarme en otras cosas. Debía convencer a mi madre de que formara parte de Nueva Sangre otra vez, pues así eran los deseos de Halmir.

Le había dejado una nota en casa de mi padre, citándola en el Claro de la Luna, por lo que me dirigí allí. Me puse el tabardo de la hermandad a la cual representaba ahora e invoqué a Il’anore, mi corcel vil, para ponerme en marcha.
Debo admitir que era hermoso, aunque para nada comparable con las llanuras y los ríos de mi querido Nagrand. Tuve que esperarla casi hasta el medio día. Antes de que se detuviera, avancé lentamente hasta el Túmulo de Tempestira, donde se casó con Algonher, mi padre. Aquel lugar le traería buenos recuerdos, sin duda. Desde luego eso tendría alguna clase de efecto sobre ella y, si no, tenía que probarlo.

Me observó de arriba a abajo, fijándose en mi tabardo.
- ¿Nueva Sangre?
Aún se acordaba, sí.
- Así es. No sé si te has encontrado con Halmir ya y te ha puesto al corriente- le contesté.
Se quedó muda durante unos instantes, lo cual me dio a entender que no sabía siquiera que Halmir había regresado. Ella una vez le había amado con locura y habían hecho el amor de una forma puramente animal, según me relataba Malinor de los recuerdos que el elfo había depositado en él cuando mi tío Haldrid le hubo asesinado.

Cansada de esperar a que reaccionara, comencé a dar vueltas a su alrededor. Caminé lentamente, con paso seguro y decidido. Los elfos de la taberna, ante tal caminar, se quedaban embobados con suma facilidad y accedían a invitarte a las copas que pidieras a cambio de, como mínimo, tocar un poco, creyéndome una jovencísima elfa virginal.
- Soy la nueva Gran Magister de Nueva Sangre y estoy en proceso de reclutamiento- me aventuré a decir.
- ¿Gran Magister, tú? Lyreth, cariño… El día que me llegues a la suela de los zapatos será cuando se te pueda nombrar, como mínimo, Magister.
¿Cómo se atrevía? Había aprendido rápidamente a dominar a Syrah, mi súcubo, y no es que fueran fáciles de convencer si eres una elfa que no está dispuesta a caer en sus trampas.
- ¿Qué te hace pensar que no soy mejor que tú?- le pregunté.
- Primero, eres una cría. Segundo, eres una inmadura a la que sólo le gusta llamar la atención y… por último… ¿Qué sabes tú de lo que hace un Gran Magister?

¡¿Una cría, una inmadura a la que sólo le gusta llamar la atención?! Podía demostrarle en cualquier momento que no era nada de eso que ella decía tan alegremente. Estaba segura de que Rodrith y Theron me veían del mismo modo y no estaba dispuesta a aceptar que me creyeran más como una cría ni que me trataran como tal.
- Contrólate, cielo, no vayas a quemar los guantes otra vez.
Moví los dedos de las manos, intentando bajar la temperatura de éstas. Mi mayor problema eran las temperaturas que podía adquirir mi cuerpo y que no controlaba, al igual que tampoco sabía por qué me sucedía esto. Había llegado incluso a quedar desnuda en mitad de la ciudad cuando un elfo me tocó la moral. Mi ropa ardió y se convirtió en cenizas rápidamente, sin yo siquiera poder hacer nada por controlarlo.

- Únete- dije finalmente, acercándome tanto a ella que casi podía incluso rozar sus labios con los míos.
- Con una condición.
- Dila.
- Que me cedas tu puesto.
Bien, lo había conseguido. Llevarla hasta allí había dado sus frutos y el que Halmir aún no se hubiera puesto en contacto con ella, había sido idóneo. No obstante, decidí seguir interpretando mi papel.
- ¿General Forestal de Nueva Sangre otra vez, mamá?
- Al menos soy competente y sé qué tengo que hacer y cómo dirigir a mis hombres sin camelarlos antes.

Bueno, no necesitaba oír más sandeces, por lo que invoqué a mi corcel vil.
- Vamos, Il’anore.
Golpeé suavemente con los talones los costados del corcel y, para que galopara, volví a golpearle, esta vez un poco más fuerte. Je, había sido más fácil de lo previsto.

Ante el crepúsculo

Publicado en Uncategorized el Septiembre 21, 2009 por alherya

Aún y a sabiendas de que a mi madre no le haría gracia, atravesé el portal de todos los que había en la estructura central de la ciudad de la luz. Tenía prisa por llegar, aunque seguramente Halmir se demoraría. Malinor me había explicado algunas veces cosas sobre él, siempre hablando con ira, odio y repulsión. Una de esas cosas, además de las tantas que hacía con mi madre, era su falta de puntualidad. Ah, Malinor… Echaba muchísimo de menos a mi querido y fallecido hermano. Era una parte de mí lo que faltaba, mi mayor sostén. Invoqué a mi corcel vil nada más salir de la capital del reino de Quel’Thalas, deshaciéndome de los recuerdos que harían brotar de mis ojos y sin control alguno las lágrimas que demostrarían aún mi dolor.

Era una pequeña estancia cercana a donde los adeptos iban a presentarse para una de sus pruebas antes de convertirse en Caballeros de Sangre. Me dio tiempo a darme un chapuzón antes del crepúsculo, con el rosado cielo sobre mí, y a secarme al sol. Una hora y poco después, aproximadamente, escuché los pasos de un caballo detenerse, bajando tras unos segundos el jinete.

- Hola, Lyreth.
Reconocí la voz del que una vez fue pareja, amante o lo que fuera de mi madre, Halmir. Me levanté y me volví para saludarle.
- ¿Para qué me has llamado?
- Querías ser escuchada, ¿no es así?- asentí.- Bien, exponme tus ideas, tus pensamientos. Te escucho.
¿Acaso me estaba tomando el pelo o simplemente era así de idiota? ¿Me había hecho llamar para que le explicara lo bonito que me parecía el anochecer o para decirle lo obvio? Respiré profundamente, tratando de calmarme. La ignorancia me enervaba la sangre, me consumía.
- No me refería a esto. Quiero que mi madre me escuche lo que le intento decir, pero a sus ojos sólo soy una niña a la que le extirparon medio cerebro.
Me crucé de brazos, esperando su respuesta, la cual parecía estar sopesando bastante. Me dio la sensación de estar perdiendo el tiempo.
- Tú necesitas que te escuchen y yo necesito a tu ma…
- Olvídate de eso- le interrumpí.- Mi madre ya no lucha y no volverá a empuñar arma alguna por Nueva Sangre.

Halmir cerró la boca mientras me miraba perplejo. ¿Acaso no era tan evidente su propósito?
- Tú puedes convencerla.
- Tú también- le dije en tono seco.
Sin duda, estaba perdiendo el tiempo. Suspiré una vez más mientras decidí liberarme rápidamente de él.
- Está bien, acepto ser miem…
- Gran Magister- se apresuró a corregirme, pero le ignoré por completo.
- …bro de Nueva Sangre, pero no cuentes con mi madre.
- Eso ya lo veremos. ¿Ya te vas?- preguntó al verme invocar a mi corcel.
- Tengo cosas que hacer. Hasta más ver, Halmir.
Ni siquiera le di tiempo a que dijera nada más o se despidiera. ¿De qué clase de elfos se había enamorado mi madre? ¿Acaso hacía una lista con los más estúpidos? Y éste, además, previsible.
- Hmmpf…

Un encuentro inesperado

Publicado en Uncategorized el Agosto 24, 2009 por alherya

- Y esta es la Taberna del Fin del Mundo.
Tanto mamá como papá se comportaban de modo extraño. Mamá estaba nerviosa, y eso es raro cuando mi progenitor está cerca. Cuando está con él se pone nerviosa, sí, pero de un modo estúpido. Ahora ella me estaba acabando de enseñar la Ciudad de Shattrath, habiéndome dado antes una runa del Círculo de Vindicación. Perfecto. Mantener el constante contacto con ella o con el tío Rodrith me parecía genial, ¡pero no con Theron!

Me quedé paseando por el Arrabal cuando se fue. No sé cuántos días estuve allí, pero tenía unas ganas enormes de darme el piro. Aquello era aburrido de narices y Rodrith también me dijo que no me moviera de allí. Genial. La mayor parte del tiempo lo pasaba en el orfanato, ayudando a las madronas. Cuidar de niños era más difícil de lo que pensé en un principio. Agradecí entonces que mi madre me hiciera abortar. No obstante, no terminé de cambiar de opinión.

El cómico de la Taberna era aburrido. Desde luego que la gracia la tenía bien oculta y estaba más que segura de que el lugar perdía clientela con él. Era insoportable aguantarle día tras día, por lo que me largué.
- ¡Lyreth!
Me volví, pero sólo vi a un elfo buscando algo o a alguien. Posó su mirada en mí, acercándoseme.
- ¿Eres Lyreth?
- ¿Quién lo pregunta?
- Halmir- me contestó.
Mi puño se cerró rápidamente, pero fue la palma de mi mano extendida la que se encontró con su mejilla.
- Imagino que eso es un sí- me contestó como si nada, acariciando la zona donde le había propinado el manotazo.
- ¡Tú! ¡Por tu culpa murió Malinor!- le grité, enojada.
- ¿Malinor?

Parecía sorprendido, confuso. Le expliqué quién era Malinor y en mitad de gritos le dije qué le había sucedido, qué veía al cerrar los ojos y cómo eso había acabado por consumirle, por llevarle a la locura y por matarle. Le dije que mi madre, la elfa que tanto le amó, me había llevado allí por mi propia seguridad.
- Tú tienes derecho de hacer lo que quieras, nadie te puede obligar a nada- me dijo.
Frunci el ceño. En parte tenía razón, en parte no. Al menos yo lo veía así y entendía la postura que mi madre había adoptado. Pasaba algo, algo gordo quizá. Yo estaba en peligro y por eso me había llevado allí, para mantenerme a salvo de lo que me acechaba. El aburrimiento era enorme y odiaba estar allí, pero supongo que era necesario. Lo que más me fastidiaba era que me  trataran como a una cría, que no se hubieran dado cuenta de que había madurado rápidamente y que no me escucharan.
- Lyreth, ¿qué es lo que quieres?
- Que me escuchen- declaré sin pensármelo dos veces.
- Yo puedo conseguir eso-. Rápidamente me arrepentí de haberle abofeteado-. Ahora no tengo tiempo, pero te veré mañana en la casa donde me alojaba.

Asentí, no muy segura de que abandonar la Ciudad de la Luz fuera lo más correcto. No obstante, me dirigí al orfanato una vez más, aunque en este caso iba para despedirme temporalmente; esperaba regresar pronto.

Calma, calma

Publicado en Uncategorized el Agosto 19, 2009 por alherya

Mis mejillas se encendieron, al igual que mi cuerpo entero se había encendido segundos antes. Una amplia sonrisa se dibujo en sus labios. ¿Acaso era tan evidente o es que podía leerme la mente?
- No te avergüences por ello, es normal.
En efecto, me leía la mente y… ¿normal? Una leche. No había nada de normal en todo aquello.
Repentinamente colocó mi mano sobre su… su… Su cosa. Era repugnante y estaba bastante duro. Ecs. Aparté la mano de ahí rápidamente. Asqueroso.

Desgraciadamente, aquello era lo que mi cuerpo deseaba. Mi cuerpo, pero no yo. Mientras trataba de hacer entrar en razón a mi cuerpo, me sorprendió descubrir que sus labios se hallaban pegados ahora a los míos. Puaj. Traté de apartarle, pero no pude; era más fuerte que yo. Finalmente fui yo quien buscaba sus besos, quien tiraba de él hacia mí… Quien, olvidando su repugnancia, introdujo una mano en sus pantalones. No estaba segura de lo que hacía, sólo de una cosa. Tenía miedo y no quería hacer nada con él.

Sus labios se acercaron a mi oído.
- No te dolerá- me prometió.
Me aparté de él, negando con la cabeza, aunque me cogió por las muñecas y me aprisionó entre él y el suelo, sobre el que estaba tumbada. No, no quería y eso era lo único que tenía claro. Le odiaba y beber de él ya me había vuelto lo suficientemente majareta como para besarle. Sus manos se deslizaron bajo las faldas de mi toga.

- ¡NO!

Syrah me pasaba ahora una mano por la frente, pero la aparté. Llegados a este punto, comprendí que sería incapaz de pegar ojo en lo que restaba de noche. No iba a volver a quedarme sopa y a recordar el preciso momento y la manera en que me dejó encinta. Ahora era capaz de comprender a Malinor. Él había visto en sueños y desde muy pequeño ese tipo de escenas entre mi madre y Halmir. Ésa era la razón por la que la odiaba.
Me llevé una mano al vientre, allí donde una vez hubo un pequeño ser. Antes de que Portatus Ex Pest me dejara tonta de remate, no supe de la existencia de feto alguno en mi interior. Entonces habría hecho cualquier cosa con tal de abortar, más aún sabiendo quién era el padre, pero ahora haría cualquier cosa con tal de recuperar a mi pequeño.

Oh, oh

Publicado en Uncategorized el Agosto 19, 2009 por alherya

Tenía sed, mucha sed. Había bebido bastante agua, pero no parecía hacerme nada. Oh, oh. Ya había recordado por qué el agua no me satisfacía. No tenía ese tipo de sed, no era agua lo que mi cuerpo pedía; necesitaba sangre. La sola idea me revolvió las tripas. ¿Qué y cómo iba a cazar?

La mirada de Acechador se posó sobre mí. Parecía leerme los pensamientos.
- ¿Tienes sed?
Negué con la cabeza. Seguro que intentaría hacer que le mordiera para así alimentarme. La sola idea de beber sangre se me hacía repulsiva, más aún cuando era de él.
- Vamos, algún día tendrás que hacerlo, Lyr. Ya has visto qué le ocurre a t madre cuando pasa mucho tiempo sin beber-. Mierda, no lo había recordado hasta ahora-. ¿Realmente quieres pasar por eso?
Era obvio. No. No quería que mi sed me controlara ni perder el control de mí misma.

Se acercó a mí, haciendo que su olor me embriagara. Ahora entiendo por qué a mamá la enloquecía ese dulce aroma. Se apartó el pelo hacia un lado, acercándome el cuello. Sabía que algún día tendría que beber. Acerqué mis labios hacia él, pero no sabía cómo hacerlo.
- Muerde y el resto es pan comido.
Seguí su consejo y le mordí. Noté cómo la sangre comenzaba a emanar de su cuello y fluía en mi boca. Creí que me daría repelús, pero me gustó. Seguí bebiendo de él hasta el punto en que le deseé. Ahora deseaba besarle, tocar y explorar cada rincón de su ser. La idea de desearle me asustó, más bien me horrorizó, por lo que le aparté de mí.
- ¿Ya no quieres beber más?- me preguntó, a lo que no tardé en negar-. ¿Acaso quieres otra cosa?
Oh, oh…

En los Claros

Publicado en Uncategorized el Agosto 17, 2009 por alherya

Me había costado poco dormirme, aún y a pesar de estar alerta constantemente por culpa de Nurandiel. Aunque los demonios estuvieran prohibidos en la ciudad excepto en el Frontal de la Muerte, decidí que lo mejor era que Syrah se quedara conmigo.

De pronto, todo estaba oscuro y alguna estrella podía verse en el nocturno cielo. Miré a mi alrededor y reconocí el lugar en el que me hallaba. Oh, oh. Acechador (o Silad, como más tarde sabría que se llamaba) estaba frente a mí. No, no quería recordar esto.
Me había perseguido durante días por todo el territorio de los Claros de Tirisfal, hasta que finalmente logró capturarme. Nolvion había tratado liberarme de mi perseguidor, pero resultó herido. Le pedí ayuda a mi padre junto a la torre de zepelines, pero me apartó con el pie, montado en su lobo, antes de marcharse.

Entonces era una torpe e inocente niña que desconocía la maldad de la gente y confiaba en todo el mundo. También era cierto que apenas conocía a mucha gente, pues siempre me había encargado de vigilar a mi hermano Malinor, quien recientemente había fallecido.

- ¿Por qué no quieres ser como mamá?- me preguntó-. O como yo.
- Sois repugnantes en ese aspecto.
Pero no pude hacer nada. Defenderme, intentar hacerle arder o cualquier cosa que intentara contra él… era en vano. Se acercó a mí y me apartó el pelo con delicadeza. Sus labios se hallaban ya muy cerca de mi piel y besó mi cuello con ternura. Eso me puso los pelos de punta. Poco después, noté algo punzante rasgando mi carne, abriéndose paso de forma dolorosa en ella. Me estaba mordiendo y yo no podía hacer nada. Me había atado de pies y manos previamente por lo que me mordí el labio inferior, procurando aguantar así el dolor que me provocaban sus colmillos.

Mi respiración y mi corazón se agitaron durante unos segundos, pero poco a poco me costaba más respirar y apenas llegaba oxígeno a mis pulmones, al igual que me costaba mantenerme sentada. Estaba bebiendo de mí de forma vertiginosa. El dolor era insoportable y el frío comenzaba a apoderarse de todo mi ser.

Me desperté tras pegar un pequeño grito, tras el cual Syrah se puso alerta.
- Tranquila, sólo otra pesadilla.
¿Otra vez?
Asentí. Ella ya conocía bien mis pesadillas.
Duerme, por aquí todo va bien. Los elfos de antes aún siguen abajo y nadie más ha entrado.
Era una simple súcubo, pero me era fiel. Ahora ya se guardaba comentarios respecto a los elfos o machos de otras razas para sí misma. Volvi a reposar la cabeza sobre la almohada y a cerrar los ojos. Debía dormir, habrían pasado un par de horas como mucho.

En la taberna

Publicado en Uncategorized el Agosto 5, 2009 por alherya

Syrah, mi súcubo, y yo nos dirigíamos hacia la ciudad. Nurandiel me estaba siguiendo para “hablar” de “cosas de chicas”. Algo me decía que quería de todo menos hablar, por lo que contacté con Algonher, mi padre, por runa.
- La perra ésta no me deja en paz.
- Vigila lo que dices- me advirtió.
Aunque nunca había actuado como un padre, lo era. Me sorprendió que me advirtiera sobre mi lenguaje, el cual cada día decían que iba a peor.
- Dice que quiere hablar de “cosas de chicas”, pero no me fío.
- No, desde luego, no te fíes. Ven.
- Ahora iré hacia ca… ugh…

Todo negro. Me dolía la cabeza, aunque quizás fuera del golpe que había dado contra el suelo al perder el conocimiento… o no. En cierta forma, era consciente de cuanto sucedía a mi alrededor. Un Guardia de la ciudad se acercó a ver qué ocurría y Nurandiel, hermana de Silad, mintió descaradamente diciendo que me encontraba mal. Me puse en pie y seguí al Guardia, con una mano en la cabeza por el dolor. Había acertado de lleno en la fea cicatriz que tenía.
Al llegar a la entrada de Lunargenta, me despisté y fui en una dirección distinta a la del Guardia, de modo que Nurandiel me dio caza ahí. Me sorprendió y me sujetó por las muñecas. Syrah se había adelantado, por lo que no vio lo que sucedía. De pronto, la elfa comenzó a desvestirme, aún con Guardias cerca de nosotras y a plena luz del día. Forcejeé y logré soltarme.

Ordené a Syrah que se retirara, pues ella no podía pasear por la ciudad. Corri hacia la taberna que había en el Intercambio Real, pues sabía que mamá no estaría en casa. Allí volvi a llamar a Syrah para que me guardara las espaldas mientras dormía, pero en el piso inferior estaba Rodrith. Sabía qué tratos había hecho con Nurandiel para que dejara a mamá tranquila y no volviera a intentar matarla. Bajé y le saludé, ignorando a Theron, el brujo que acompañaba siempre al tío Rodrith.
- Hola, tío Rodrith.
Seguí ignorando a Theron mientras me saludaban ambos.

- ¿Qué clase de trato hiciste con la perra de Nurandiel?
El brujo me miró de mala manera y Rodrith me riñó por el adjetivo que le atribuía a la elfa. Fruncí el ceño y resoplé. ¿Es que nadie iba a dejarme en paz con ese maldito tema?
Le expliqué al paladín lo que había sucedido con la elfa en cuestión y me dijo que me acercara, por lo que le hice caso y me agaché mientras me inspeccionaba la cicatriz. Más tarde, me preguntó por qué ignoraba a Theron.
- No me gusta que se haya acostado con mamá- le contesté.
- ¿Por qué no?- preguntó Rodrith.
- Apesta.
- Tú también y no digo nada- me replicó el brujo.

Le expliqué que su vil olía mucho y que, tanto a mamá como a mí, nos atraía y nos enloquecía dicho olor.
- Pero esa no es la razón por la que no te gusto, ¿verdad? Porque, al fin y al cabo, tu madre se ha tirado a medio Azeroth por lo menos.
Aquello me tocó la moral. Aunque eso en un pasado fuera cierto, mi madre había sido fiel a mi padre a pesar de todo. La única vez que le falló fue cuando intentó salvarme y engañó a Shoikan, fingiendo amarle. Esa mentira le costó la fidelidad con Algonher. No obstante, mi madre no era una cualquiera ni ninguna furcia. Seguí con la discusión con el brujo hasta que lo creí conveniente. No quería darle pie a nada más. No me caía bien y punto pelota.

Besé a Rodrith en la mejilla antes de dirigirme hacia el piso superior. A medio camino, me giré para darle las buenas noches.
- Buenas noches, tío Rodrith.
- Buenas noches, princesa- me contestó.
- Buenas noches- replicó Theron, a quien ignoré una vez más.

Mis inicios

Publicado en Uncategorized el Julio 31, 2009 por alherya

Soy menor que mi hermano gemelo Malinor. Mis padres son Alherya Brisalbor y Algonher. Desconozco las razones que mi padre tuvo para dejar a mamá en el pasado, pero sí sé por qué se divorció de ella. Apenas recuerdo haber estado con él excepto cuando mamá fue levantada y perteneció a la Plaga… antes de que sus compañeros la liberaran de ésta.

Mamá poco podía estar por nosotros, de modo que estábamos a cargo del tío Bleis, la tía Seth o, simplemente, solos. Aunque mamá se empeñó en que siguiera el mismo camino que ella cuando era pequeña y me hiciera sacerdotisa, mi destino era otro. De modo que me llevó hasta el Instructor Alamma, en el Sagrario, quien inició mi instrucción en la demonología. Pero creo que todo esto puede esperar por ahora.